
Nunca he creido en el destino, al menos no como una senda rígida. Me resulta muy frustrante pensar que no tenemos nada que hacer aquí, sino dirigirnos irremediablemente hacia un final escrito de antemano. Soy una persona activa a la que le gusta llevar la iniciativa.
De la misma manera sí creo en las señales, para darnos pistas de por dónde es mejor seguir por este camino tan tortuoso que es nuestra vida.
Siempre me han llamado la atención las piedras, desde los cantos rodados hasta las piedras semipreciosas.Recuerdo que en la uni escogí una asignatura de terapias alternativas. En ella nos hablaron de las energías que desprendían los diferentes objetos de la naturaleza. Estuvimos haciendo prácticas con piedras, intentando captar sus vibraciones e intentando descubrir qué nos hacia sentir cada una de ellas. No seguí indagando mucho en el tema, aunque extraoficialmente y con los míos sí que ponía en práctica lo que aprendí en aquel curso.
Hace tiempo, hace algo más de un año una paciente me regaló una piedra, un cuarzo rosa. Y es entonces cuando empecé a investigar más sobre el tema, incluso me hice con un libro que hablaba de sus diferentes propiedades y traía unas cuantas gemas de regalo. Aprendí a lavarlas, cargarlas y a entender un poco su funcionamiento. El cuarzo rosa es la piedra del amor. Mi paciente, Karmele, me decía que debía a abrir mi corazón al amor... yo me anudé la piedra al cuello y allí la mantuve. En esa temporada yo me veía con alguien y la piedra seguía colgando de mi cuello, cerca de mi corazón. Aquella historia acabó poco despues de conocerte, aunque por otras causas...
Recuerdo que al volver de aquel viaje en el que terminó mi historia con el otro chico tú me hiciste una broma con el tema y por la cara que puse supiste que habías metido la pata, que algo había pasado.
Apenas un mes después yo ya estaba loca por ti...
El cuarzo rosa se rompió, más bien su enganche. Lo pegué y lo volví a colocar, pero esta vez además del enganche, toda la piedra se resquebrajó... y ya no la lleve más encima, la dejé con el resto de piedras que tengo en la habitación.
Hace poco leí que las piedras nos eligen y que muchas veces, cuando ya han cumplido su función, se pierden o se rompen. Creo que aquel cuarzo rosa cumplió a las mil maravillas su cometido... y no le culpo, al fin y al cabo él no sabía que después tú ibas a hacer añicos ese corazón abierto de par en par!!
La primera tarde que pasé contigo me preguntaste por mi alianza, una alianza de plata que me regaló una amiga. La llevaba porque simplemente me gustaba. Menuda casualidad... esa amiga cumplía los años el mismo día que tú. Puede ser una estupidez, pero desde aquel instante yo misma convertí esa alianza en el símbolo de mi amor por ti. La he llevado siempre desde entonces. Y cada vez que me preguntan le resto importancia y cuento la historia de mi amiga.
Esta mañana me he levantado, me he duchado y al salir de la ducha he hecho un movimiento que hago mucho, una costumbre que he cogido. Recolocar con mi pulgar la alianza del dedo anular de mi mano derecha... la alianza no estaba ya ahí. Ayer pasé un día fantástico en compañía de una persona maravillosa. Entre otras cosas estuvimos bañándonos en el mar. Supongo que se quedo allí... y supongo que es allí donde debe quedar tu recuerdo también. Hasta que un buen día me levante y sienta que ya no me importas en absoluto.
aDiSHaTZ (H)aRTZ
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